Después de nuestra formación en Prisma, una escuela de misiones en Suiza, sentí que Dios me pedía soltar mi estabilidad financiera y no trabajar hasta fin de año. En este testimonio cuento cómo mi deseo de controlarlo todo alimentaba mi ansiedad, qué pasó cuando decidí obedecer y por qué el mayor milagro no fue la …
Desde que regresé a Perú he vivido distintos procesos. El primero, y quizás el que más me ha costado comprender, tiene que ver con algo que Dios ya trabajaba en mi corazón antes de volver: el control.
Durante las últimas semanas en Prisma, el Señor empezó a mostrarme cuánto me costaba soltar el control en mi vida: con mi familia, con mi esposo, con mis amistades y con casi todo lo que me rodeaba. No siempre lo hacía desde un lugar malo. Muchas veces quería controlar para prever, para cuidar, para evitar malos momentos. Para que las cosas no se salieran de lo que yo consideraba seguro. Incluso para protegerme a mí y a las personas que amo.
Pero, sin darme cuenta, ese deseo de tenerlo todo bajo control alimentaba una ansiedad mucho más presente de lo que quería reconocer. Y donde más me costaba verla era en mi vida profesional y financiera.
Cuando el control se disfraza de responsabilidad
Durante muchos años tuve claro cómo quería que fueran las cosas: qué iba a estudiar, cuánto esfuerzo necesitaría, cuánto quería ganar, cuánto debía ahorrar y cuánto podía gastar al mes. Cuando fui mamá, todo se volvió aún más riguroso. Yhordan sabe que durante años tuve un Excel donde proyectaba cuánto ahorrar o gastar cada mes, cuánto debía tener en mi cuenta al cierre para sentir estabilidad, dónde me gustaría trabajar y cómo.
Yo necesitaba saber, proyectar y sentir que tenía un plan. Durante mucho tiempo pensé que eso era ser organizada, responsable o previsora. Pero Dios empezó a mostrarme que, detrás de muchas de esas cosas, había una necesidad de controlar lo que todavía no había sucedido.
Trabajo, fe y control: lo que aprendí en Prisma con Workship
En mi última semana en Prisma conocimos a Vanina, de la organización Open. Ellos enseñan que nuestro trabajo también puede ser una forma de adoración a Dios. Tienen un libro y un curso llamados Workship, una combinación de work y worship: trabajo y adoración.
Conocerla me ayudó a entender con más claridad cómo mi vida profesional y financiera también podía tener una finalidad de adoración, y cómo esto se sustenta en la Biblia. Me pareció locazo, incluso a nivel académico.
Pero lo difícil llegó casi al final. Un día antes de su última sesión, Vanina habló sobre el control y dijo algo que se me quedó dando vueltas:
Para ver los milagros del Señor, muchas veces tenemos que ceder aquello que nos hace sentir seguros; aquello que, sin darnos cuenta, convertimos en nuestros propios dioses.
Sentí que era directo para mí. Dios llevaba semanas hablándome, a través de distintas mujeres y expositoras, sobre conocerlo, capacitarme y crecer en mi relación con Él. Y como en cualquier relación, eso exige confianza: un lazo de sinceridad que te permite confiar en el otro a ojos cerrados. Ahí entendí que Dios tocaba justo eso en mí.
Lo que Dios me pidió: soltar mi estabilidad financiera
Lo que sentí que el Señor me decía fue muy concreto: “Tienes un problema. Tienes que soltar tu estabilidad financiera. Yo te voy a proveer hasta finales de año.” Y sobre mi vida profesional: quizás debía dejar lo que ya conocía y buscar algo más ligado al ministerio. Quizás Dios podía sorprenderme.
Lo curioso es que ni siquiera había regresado a Perú. Según mis planes, al volver me reincorporaría a un trabajo que apreciaba muchísimo y recuperaría mis ingresos de siempre. Pero Dios me pedía otra cosa.
Obediencia y fidelidad: la Sandra de antes habría dicho que no
Siendo honesta, la Sandra de hace algunos años habría explicado de inmediato por qué eso no era posible. Matemáticamente no nos iba a alcanzar. Habría pensado en todo lo que implicaba quedarme en casa. Habría tenido una lista enorme de razones, y todas habrían sonado lógicas.
Pero esta vez algo había cambiado. Si de verdad quería una vida de ministerio, conocer al Dios que tanto busqué al otro lado del mundo y experimentar un milagro en mi corazón, tenía que ceder. No podía pedirle a Dios algo nuevo mientras seguía aferrada a lo que me hacía sentir segura.
Recordé una frase de Tomás, gran amigo y cabeza de Movida, en su último discurso en Prisma:
“La única manera de ver los milagros de Dios es combinar nuestra obediencia con la fidelidad de Dios.”
No porque nuestra obediencia haga que Dios sea fiel, sino porque, cuando obedecemos, dejamos de interponernos con nuestro propio control y aprendemos a confiar en que Él sigue siendo fiel.
“Yhordan, tengo que contarte algo”
Esa tarde, al salir de Prisma rumbo a Barcelona, miré a Yhordan y le dije: “Te tengo que contar algo que me compromete. Porque si te lo digo, tengo que hacerlo.”
Todavía no le había contado nada. Me miró entre divertido y asustado, y le dije: “El Señor me ha pedido que no trabaje hasta finales de año. Que me quede en casa y que Él va a proveer.”
Como es mi esposo, entendió todo. Me respondió: “Wow. Qué maravilloso lo que Dios está haciendo en tu vida.” Después de cinco años juntos, él mejor que nadie sabía lo que yo soltaba. No era dejar un trabajo; era soltar una de las cosas que más seguridad me había dado.
Tres meses sin trabajar: así se ve la provisión de Dios
Al regresar a Perú llegó agosto. Después septiembre. Hoy es octubre. Ha habido días en los que vi la provisión y el amor de Dios sostenerme de una manera alucinante. Y otros en los que la desconfianza entraba y la ansiedad me susurraba que me equivocaba, que desperdiciaba mi tiempo o que debía hacer algo más.
Pero, con total honestidad, estos han sido los tres meses de mayor descanso de mi vida. No he buscado correr, ni demostrarle nada a nadie, ni salir a buscar mis propias oportunidades. He dejado que el Señor actúe.
En los mejores y en los peores días, he tratado de correr a Él y decirle: “Señor, me siento así.” Y Él ha sido fiel. Me ha respondido muchas veces a través de Su Palabra. Y he visto milagros.
A veces fueron oportunidades de freelance que tocaron la puerta. Otras, algo más sencillo: la sonrisa de mi hija en las mañanas, cuando tenemos tiempo para jugar. Un devocional de una hora sin sentir que la agenda me gana. Poder detenerme, estar, escuchar y disfrutar de mi familia. Quizás eso también es provisión.
Si quieres conocer el contexto de este proceso, lee nuestra experiencia en Prisma: lo que aprendimos sobre la misión y la fe y cómo aprendimos a confiar en las promesas de Dios en lo financiero.
Cómo organizar la vida sin volver a controlarlo todo
Todavía me acostumbro a este extraño espacio de caos, porque para mí es caos no tener algo estructurado. Me cuesta volver a organizarme, y esta vez no quiero hacerlo como antes. No quiero construir una estructura para sentir que tengo el control.
Quiero aprender a organizar mi vida de forma saludable, dirigida por el Señor, que me lleve a ser mejor persona, mejor hija, mejor esposa y mejor mamá. Ese también es un proceso que aún aprendo a vivir.
No digo que haya sido fácil, ni que lo sea ahora. Quedan dos meses para que termine el año. Todavía hay preguntas, incertidumbre y días en los que la ansiedad intenta volver. Pero mi corazón tiene una convicción: si yo obedezco, Él será fiel. Porque Él siempre ha sido fiel.
Qué dice la Biblia sobre la ansiedad y el control
La Biblia no nos pide ignorar el futuro, sino dejar de cargarlo solos. En Mateo 6:34, Jesús nos invita a no angustiarnos por el mañana, porque cada día trae su propio afán. En Filipenses 4:6-7, Pablo nos anima a presentar todo a Dios en oración, con gratitud, y promete una paz que supera nuestro entendimiento. Y 1 Pedro 5:7 nos recuerda que podemos echar toda nuestra ansiedad sobre Él, porque Él cuida de nosotros.
El milagro que no estaba viendo
Pensaba que el milagro sería ver cómo Dios iba a proveer. Y sí, lo he visto. Pero quizás el milagro más grande ocurre en otro lugar: Dios le enseña a mi corazón y a mi mente que es posible descansar en el Creador del universo.
Es posible creer. Es posible reordenar mis prioridades. Es posible dejar de controlar el futuro cuando sé que el futuro está en Sus manos.
Hay una canción que suelo repetirme y que me recuerda que incluso la batalla se puede disfrutar cuando sé que Él está ahí: Así Peleo Rodeado.
La batalla no desapareció: las preguntas y la incertidumbre siguen. Pero ya no estoy sola en medio de ellas.
Quizás el milagro sea conocerlo
Estoy feliz, agradecida y expectante. Anhelo ver lo que el Señor ve en mí y ser un instrumento útil donde Él lo necesite: desde mi hogar, mi computadora, mis manos o mi voz.
Quizás lo que pasa es que conozco a mi Creador y, al mismo tiempo, reconozco quién soy yo y lo pequeña que soy. Y descubro que puedo descansar, porque Él cuidará de mí.
Solemos relacionar la ansiedad con pensar sin pausa en el futuro: ¿Qué va a pasar? ¿Y si no alcanza? ¿Y si me equivoco? ¿Y si mañana cambia todo? Pero quizás ya no tengo que pensar tanto en el futuro cuando sé que Él está en él.
Por eso este es mi primer milagro no visible: cuando la ansiedad encuentra descanso. No porque ya no tenga miedo ni porque sepa qué pasará en noviembre o diciembre, sino porque aprendo a descansar en Aquel que sí lo sabe. Un milagro que nadie ve, pero que yo sí puedo sentir.
Sandra Arellano
Sandra es parte de Sin Fyltro junto a su esposo Yhordan y su hija Aikana, una familia peruana que se forma para las misiones. Escribe sobre fe, maternidad y propósito desde Lima.







