Un viaje a Curahuasi con fe y expectativa Días antes de viajar a Curahuasi para un festival donde nos habían invitado a dar unos talleres, Sandra me preguntó qué esperaba de este viaje. Sin pensarlo mucho, le respondí:“Una sorpresa… que Dios me sorprenda.”Era la primera vez que íbamos como familia a servir y a la …
Un viaje a Curahuasi con fe y expectativa
Días antes de viajar a Curahuasi para un festival donde nos habían invitado a dar unos talleres, Sandra me preguntó qué esperaba de este viaje. Sin pensarlo mucho, le respondí:
“Una sorpresa… que Dios me sorprenda.”
Era la primera vez que íbamos como familia a servir y a la vez compartir nuestro proyecto misionero: contarle a más personas sobre la “loca” aventura que estamos por emprender, y que oren por nosotros. Quizás por eso no iba con expectativas personales, más allá de servir al Señor y estar abierto a que Él me sorprenda.
Retos de viajar como familia misionera por primera vez
Como papá y esposo, había cosas que sinceramente quería ver en este viaje: primero, que Aik’ no sintiera el impacto de la altura, que no se enfermara y que comiera bien, como siempre lo hace. Viajando con una bebé, cualquier cosa se vuelve logística.
En cuanto a Sandra, quería ver cómo se desenvolvía en este entorno ministerial, sabiendo la demanda natural que implica cuidar a una bebé. Y por mi parte, tenía claro que debía estar atento: ¿Qué haría si Aik’ se enfermaba? ¿Y si Sandra ya no podía más con el trajín?
Gracias a Dios, todo salió increíble. “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo.” (Salmo 55:22) Aik’ es una niña valiente, soportó la altura, la bulla —incluso con conciertos por la noche— y nos permitió dar el taller sin problema. Sandrita terminó cansada, sí, pero todo valía la pena por la experiencia que estábamos viviendo.
Primer encuentro: Una palabra que vuelve para confirmar
Recordando la promesa sobre Aika y su propósito misionero
En este viaje, volví a ver a Juan Carlos, un misionero que oró por mí en 2024. En aquel entonces, Sandra y yo estábamos sirviendo en Arequipa, y ella le contó nuestra historia: que estábamos por tomar una gran decisión, con temores sobre cómo sostendríamos a nuestra familia en este llamado misionero.
Cuando llegué, Juan Carlos me habló directamente. Aún recuerdo sus palabras.
"Tu hija será una compañera en este llamado. No te preocupes por quién la sostendrá, Dios siempre respaldará su propósito, y ella se adaptará a donde el Señor los mande.”
Fue hermoso recordar eso mientras veía a Aik’ corretear entre el pasto del hospital Diospi Suyana, donde se realizaba el festival, como si ya supiera que ese también era su lugar.
“Fiel es el que los llama, el cual también lo hará.” (1 Tesalonicenses 5:24)
Segundo encuentro: La amistad que Dios preparó
Cómo Sandra encontró una amiga con la misma carga del llamado
Una noche, durante uno de los conciertos (que escuchábamos desde fuera del anfiteatro por el volumen y por Aik’), conocimos a varios misioneros alemanes con bebés. Y ahí apareció Svenja.
Todo comenzó con un coche de bebé gigante que parecía una casita. Ese fue el pretexto para que Sandra empezara a hablar con Svenja, una alemana que vive con su esposo y sus hijos pequeños en los Andes peruanos, sirviendo con su profesión en el hospital desde hace ya un par de años.
Conversaciones que sanan y fortalecen en medio del servicio
Ahora, para quienes conocen a mi esposa, saben que ella es de esas personas que, en una primera impresión, siempre está sonriendo y te trata como si te conociera de toda la vida. Jajaja. Pero no se engañen: aunque parece tener mil amigos, en realidad tiene muy pocos. Solo que tiene esa gracia de hacerte sentir en casa desde el primer saludo.
Yo la conozco bien, y sé cuándo encuentra a alguien con quien quiere compartir algo más que una conversación superficial. Y eso pasó con Svenja.
Yo, mientras tanto, estaba con Aik’ en el portabebé—y ya con la espalda hecha trizas—tratando de escuchar algo de música. Pero desde mi rincón podía ver cómo Sandra hablaba con el corazón abierto, compartiendo sus miedos, dudas y luchas con alguien que vive lo mismo, pero en la práctica.
Fue un espacio muy bonito, porque esas conversaciones no quedaron en una sola noche. Durante casi todos los conciertos, se encontraban y compartían.
“Anímense unos a otros y edifíquense mutuamente.” (1 Tesalonicenses 5:11)
Y después de una de esas conversaciones, al llegar al hotel, Sandra y yo tuvimos una charla profunda y transformadora… pero esa se las contaré en otro post.
Tercer encuentro: Una puerta abierta en medio del concierto
Cuando una sonrisa infantil conecta propósitos eternos
Una noche, en la misma zona donde conocimos a Svenja, Aik’ —con su dulzura irresistible— atrajo la atención de un señor que no conocíamos. Para ser sincero, jamás lo había visto. Solo sabía que era argentino y vivía en Alemania, porque una amiga me lo mencionó superficialmente esa misma mañana.
Resulta que el festival fue organizado por Martina y Klaus, doctores misioneros que fundaron un hospital en los Andes. Así que había muchos misioneros invitados.
Si alguna vez se me hubiera ocurrido “hablar con alguien”, seguramente no habría sido con este hombre… porque ni siquiera lo tenía mapeado.
Una propuesta inesperada que solo Dios puede orquestar
Pero ahí estaba. Aik’ le sonrió, él le hizo unas muecas, y así empezamos a conversar.
Nos preguntó qué hacíamos. Le contamos de nuestros talleres, de Movida, de que íbamos a PRISMA. Y entonces preguntó: “¿Y después de PRISMA, qué han pensado?”. Le dijimos la verdad: “No sabemos. Como papá y esposo tengo miedo… no sé cómo llevaré a mi familia después de dar ese gran paso.”
Entonces, él dijo algo así como:
“Cuando Dios llama, Él se encarga de todo.”
Y luego hizo una propuesta totalmente inesperada: “Cuando terminen PRISMA y estén en Europa, escríbanme. Necesitamos pastores. Nosotros nos encargamos de todo: casa, visa… solo necesitamos un corazón dispuesto y un llamado.”
“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:19)
¿¡Qué!? Nunca imaginé tener una conversación así con alguien que ni siquiera conocía. Sandra y yo solo nos miramos y sonreímos. Intercambiamos contactos y… quién sabe qué pueda pasar más adelante. (Por si acaso, ya empecé con Duolingo en alemán jajaja).
Reflexiones después de Curahuasi
Las sorpresas de Dios fortalecen el llamado misionero
Podría contarte más, pero solo quiero cerrar con esto: le pedí a Dios que me sorprendiera… y lo hizo.Pero no con rayos, truenos ni ángeles bajando del cielo. Lo hizo con una bebé sonriendo, una conversación inesperada y una amistad en medio del ruido de un concierto.
Dudas reales, fe viva y una exhortación a no detenerse
A veces, pequeñas señales reafirman decisiones que tomamos años atrás, como aquella del 2020. Y quizás, si lees todas nuestras publicaciones, verás que nuestros miedos y dudas se repiten. Pero no es falta de fe. Es humanidad.
Estoy completamente convencido del llamado de Dios para nosotros. Pero también es necesario exponer nuestras luchas, porque muchos misioneros, evangelistas, pastores y líderes hoy están haciendo cualquier otra cosa, porque creyeron que sus dudas eran señal de estar equivocados. Me hace recordar una canción de Alex Sampedro que dice:
"Tengo victorias derrotadas, Gente en el templo destemplada, Misioneros encerrados en sus casas... El maná está congelado, no hay calor en la Palabra.
Quizás, como nosotros, también tuvieron sorpresas en medio de la incertidumbre…pero decidieron quedarse allí, paralizados por el miedo.
Dios nos ha llamado a todos a la Gran Comisión.No importa cómo la cumplas, pero no dejes que tus dudas te cieguen.Pon tus ojos en Jesús, y alimenta tu fe con su Palabra.
"Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento." (Proverbios 3:5)







